martes, 12 de junio de 2012

LA GRAN MURALLA CHINA


La cuna de la civilización China fue el valle del Río Amarillo (Hoang Ho), cuyo curso se despliega en la parte noreste del país, precisamente en el área que durante toda la historia del imperio chino iba a constituir su centro político. La capital de las tres mayores dinastías chinas, la Chu (años 1122 a 256 antes de Jesucristo), la Han (206 a. de J.C.-220 de la era cristiana) y la Tang (años 618 a 906), estuvo en la ciudad de Tsinan, a orillas del Hoang Ho en la provincia de Shen-si; posteriormente, bajo las dinastías Yuang, Ming y Ching, Pekín se convirtió en residencia del emperador y de los altos dignatarios de la corte, pasando a ser la primera ciudad de China. La historia de esta gran nación del Extremo Oriente está condicionada en todas sus épocas por el peligro de invasiones de pueblos bárbaros procedentes del norte; el resto de su territorio era inexpugnable; al suroeste se hallaba protegida por la alta meseta del Tíbet y por la cordillera del Himalaya, la jungla la aislaba del sudeste asiático y el mar de cualquier peligro que pudiera venir del este. Desde el año 1,000 antes de Jesucristo los gobernantes chinos tuvieron que sufrir la amenaza de invasiones norteñas, que se materializó, tres siglos después, en la penetración de los Shienyun, es decir, del pueblo que en Occidente recibiría el nombre de Hunos y en los ataques de las tribus Jung del noroeste; todas estas circunstancias obligaron a los emperadores Chu a trasladar temporalmente su capital a Loyang. A comienzos del siglo III antes de Jesucristo, el poderoso reino Yen, situado en la región de Pekín, tomó la iniciativa de erigir una enorme muralla que defendiera sus tierras de las invasiones bárbaras. Sin embargo, los principales Yen fueron derrotados por el fundador de la dinastía Tsin, a la cual se debe la unificación de China entre los años 246 y 207 antes de Jesucristo. Por estas fechas se llevó a término el proyecto de levantar una Gran Muralla en la frontera norte del país, esta obra ingente sigue todavía de pie.



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